Parte Uno 18 de Febrero de 2010. Hora de recorrido: 5pm a 5:45. Registro 6:45pm
Camine hasta la calle 19 con 7ma y como es costumbre en los últimos días no se escapaban los emberas de mi vista, en este caso LAS embera. Había dos mujeres sentadas sobre el andén, cerca a la esquina de la calle 18. Una de ellas con su vestido tradicional, la otra con un suéter gris, tenía cubiertas sus piernas con una manta. La del vestido lloraba… mientras entraba en el centro comercial de la 19 con 7ma, tuve tal vez 5 minutos para pensar si me quería acercar o no.. Salí del centro comercial y caminaba diez veces más lento de lo que suelo caminar, la calle atiborrada de gente, era viernes, el septimazo, gente que va riendo, hablando, a la carrera...ya estaba en la esquina de la calle 18 otra vez y venia preparando cómo parar, cómo acercarme, simplemente paré. Ya no eran las dos mujeres que había visto, ahora había tres y todas lloraban, me acerque y le pregunte a la mujer que parecía ser la mayor qué pasaba, por qué lloraba. Antes de su respuesta, se me ocurrían mil posibilidades, entre maltrato, enfermedad, la situación económica… por fin la mujer dijo con un español recortado, qué habían -matado familiares-, -cuatro- de un golpe en parque Berrio Medellin- yo apenas poder digerir, tramitar lo que decía., me impactaban las palabras, el llanto, la calle y la gente tan apresuraba, pero que de reojo se detenía a mirar. Ella me miraba fijamente a los ojos, yo creo que buscando respuestas que yo no tenía… la del vestido tradicional miraba hacia la calle, la otra, la menor de las tres, también lloraba, ese llanto era seco, era con susurros imperceptibles, era asustadizo.. pregunte nuevamente a la mujer que me hablo, de dónde venían, ella dijo que era del Chocó- no me podía ubicar si eran Katio o Chami, tenia en mi cabeza el mapa del libro el oro y la sangre, pero no podía aclararme ese dato. Por eso hice la pregunta en voz alta, agregándole si ahora vivían en San Bernardo o en la Favorita, creo que esto ultimo no lo escucho, porque ella respondió en san Bernardo Chami- nosotros Katío. Yo no podía perder sus ojos de vista, los sollozos de las otras dos mujeres seguían, se me ocurrió ofrecer algo de tomar, ella dijo gaseosa, yo dije ¿mejor agua aromática? Ella asintió con la cabeza, mientras una mujer mayor paró y saco de su bolso una Big Cola, que termino pasándola a la embera.
Proyecto "Construcción de identidad el jóvenes indígenas migrantes".
Parte Dos 18 de Febrero de 2010. Hora de recorrido: 5pm a 5:45. Registro 6:45pm
Me dio angustia. Yo la mire, y ella no dijo ni si ni no, solo dijo –aromática- y le hablo en lengua a la menor de las tres. Ahora me percate que esta tercera mujer era una niña, tenia también el traje tradicional. Yo me levante, la pequeña se fue con migo, cruce la 18 y entre a la primera cafetería que vi, no sabía que decirle a la niña: ¿español? Ella no dijo nada. Su pelo estaba suelto, enredado a pesar de lo liso y sus ojos llorosos, mientras la mujer detrás del mostrador servía las aromáticas, además naturales, yo volvía insistir en un hilo de comunicación oral, me toque y le Dije Diana, la señale a ella y ella dijo: Lucia. Le pase dos aromáticas a Lucia, pague y tomé las otras dos. Salimos otra vez al ruido de la calle… no había más palabras. Volvimos a reencontrar las otras dos embera. Seguían sentadas, el llanto era menos. Pase una aromática y me quede con la otra. Lucía hizo lo mismo. Pregunte si había noticias. Ella dijo que a cuatro hermanas ya había pasado- en parque Berrio- que llamo el esposo del terminal. Mientras ella hablaba de manera entrecortada, la gente que pasaba se acercaba, la chica del almacén del lado, no podía dejar de mirar-escuchar-. Pregunte su nombre -Erminia-, intente saber si eran familiares entre sí, ella dijo, señalándome a la del lado izquierdo que era su hija y a la menor, a Lucia, que era su hermana. Me di cuenta que tenia las piernas cubiertas por una manta, para cubrir un bebe, que empezó a moverse por debajo de la manta. Se me vino a la cabeza la idea de tranquilizarla, al lado de la idea de no poder hacer nada. Así que le toque el hombro, diciéndole que estuviera tranquila, que tuviera cuidado con el Bebe porque Bienestar se lleva los niños. Ella me miraba. Le explique que habían ya casos dónde les habían quitado los niños. Ella dijo dónde- por la calle, por dónde los vean. Nos seguíamos mirando y la gente, también lo seguía haciendo. Ella bajo su cara, me volvió a mirar y dijo: pañales.
Proyecto "Construcción de identidad el jóvenes indígenas migrantes".
Eran aproximadamente las 11:00 a.m. del 4 de marzo. Ella, una mujer embera de aproximadamente 35-40 años, estaba sentada en la parte plana del primer tramo de la escalera de entrada al sistema transmilenio de la calle 45 con 30, hacia el costado izquierdo de la baranda. El clima estaba frio y al parecer había lloviznado. Lo primero que noté era que ella llevaba una cachucha negra y una chaqueta amarilla debajo de lo que parecía ser su vestido embera tradicional, además de estar sentada debajo de unos plásticos transparentes. A su lado izquierdo tenía su tela con collares, manillas y aretes, los cuales llamaban la atención por sus diseños embera típicos. Las personas que pasaban por su lado llegando a y yendo desde la universidad no reparaban en ella, sino que pasaban de largo. Me acerqué de manera desprevenida y después de saludar le pregunté si era ella quién fabricaba estos accesorios a lo que ella respondió afirmativamente. En ese momento, su hija, una pequeña de aproximadamente 4 años me agarró por la pierna derecha mientras yo seguía mirando hacia la tela señalando lo bonitos que me parecían. Le comenté mi interés por llevarle una manilla y la niña dijo: “la del cacique” refiriéndose tal vez a que el diseño de la manilla representa rostros humanos; luego madre e hija al unísono me dijeron que costaba $5.000.
En ese momento noté algo que me pareció sumamente interesante y fue el hecho de que durante la interacción Rosalba (la mujer) hablara a su hija en lengua embera, lo noté cuando inicialmente la reprendió por haberme tomado por la pierna en una señal que yo interpreté de juego si bien no puedo asegurarlo, mientras que la pequeña respondía algunas veces en español y otras veces en embera. Luego, la niña pasó por detrás de mí y se dirigió hacia donde estaba su hermano mayor, un niño de aproximadamente 9 años, a quien no había notado antes puesto que estaba casi escondido al lado derecho de su madre concentrado en tejer en un telar muy pequeño de madera. Los niños, igual que Rosalba, vestían ropas “occidentales”, las cuales por lo que ella me comentó posteriormente eran regaladas y su acción era algo reservada pero no obstante tranquila.
A medida que todo esto ocurría, mi primer acercamiento verbal fue preguntarle a Rosalba que si ella embera, a lo cual me respondió sin problema alguno que sí, por lo que, de forma muy relajada, le pregunté su nombre y cuánto tiempo llevaba en Bogotá, a lo que me respondió que 3 años. Luego, le dije a manera de comentario suelto que hasta hace poco la había visto ubicarse en este sitio, frente a lo cual ella me dijo que llevaba un mes trabajando allí, así que le pregunté si los niños venían siempre con ella, a lo que me respondió que no, que ambos estaban estudiando pero que debido al paro de transporte no habían tenido clase. Posteriormente, ella se integró más a la conversación y continuando con el tema me preguntó sobre dónde vivía y luego me comentó que ella vivía en el centro cerca al barrio Egipto; a su vez yo le pregunté si vivía con más emberas a lo que ella respondió: “eso po’ allá vive harta gente”. Posteriormente, le comenté que me gustaría conocerla más y hablar un poco con ella y ella asintió con la cabeza preguntándome si por casualidad tenía algo de ropa para ella y los niños y mostrándome la chaqueta que llevaba puesta la niña (una chaqueta rosada) me comentó que unos señores se la había regalado. A su petición le dije que iba a mirar en mi casa y que se la traería el día siguiente cuando pasara “a visitarla”. Ella simplemente asintió y procedí entonces a hacer la compra de la manilla, excusa con la cual inicialmente me había acercado, para luego irme puesto que ella ya se notaba algo inquieta con mi presencia.
Pasé efectivamente con ropa para la niña al día siguiente a la misma hora del día anterior y no la encontré, así que pasé el lunes siguiente en horas de la tarde a buscarla y nuevamente no se encontraba en el lugar.
27 de febrero Colegio Técnico TTI Reunión con profesores. J. Cabrera (Nombres de personas e Institución han sido cambiados)
La reunión de hoy se intentó realizar toda la semana. Ya tenia tenía estrés, necesitábamos empezar el proyecto y todo se había atravesado. Inicialmente hubo problemas para concertar los horarios de los profesores que asistirían a la reunión. La profesora Marly (nombre cambiado) quien convocó la reunión estaba empecinada en que fuera la rectora y los profesores claves. Al final solo logro los profesores, pero como siembre fue mi mano derecha y estuvo presta para conseguir el salón, convocar a los profesores y llamarlos cuando decidimos iniciar. Siempre los inicios toca confirmarlos y reconfirmarlos: “que si, que hay reunión, que está confirmada”. Pareciera que hay cierta noción de incredulidad con los agentes externos siempre. Lo bueno es que aquí ya tenemos un capital de confianza creado por todo el trabajo de casi dos años que se ha realizado con varias instituciones, incluida esta. Asi que Marly me ayudó sin pensarlo, aún pagando con su cuenta las muchas llamadas que me hizo desde su celular para darme de talles de la reunión. Fue increíblemente metódica, me ofreció de todo, videobeam, computador, salón, todo listo. Incluso, al final, de esa reunión medio informal, saco un Acta de Reunión!!!. Recuerdo que tuvimos tres intentos de reunirnos hasta que por fin.
Marly dice que el proyecto de tecnologías debe ser para todo el colegio. Que ya hay muchos profesores trabajando, pero que faltan más. Dice que este año le ha ido bien, que el trabajo que se hicimos el año pasado fue muy bueno para ellos, porque les dieron una platica para comprar algunos equipos. Me dice que si le ayudo a cotizar, que donde podemos comprar. Tengo la impresión que es como si hubieran recibido un regalo en dinero y quisieran gastárselo ya. Aunque es poco dinero sienten que es un logro que para su proyecto de informática les hayan dado recursos por primera vez desde hace mucho tiempo.
Creo que la amistad de la profesora Marly tiene un tono muy calido de maternidad, es protectora y extremadamente amable. Tiene unos 55 años y me sorprende siempre, siempre, siempre la vitalidad que tiene. A primera vista, si uno solo la mirara de pasada, inadvertidamente, pensaría que tiene un aspecto de profesora tradicional, de esas que pueden regañar por todo y que puede ser de matemáticas o química, y por supuesto de bachillero. Pero no, todo lo contrario (salvo que es Química) y pertenece a primaria y tan pronto se le propone algo, uno se demora más en pensarlo que ella en aceptarlo. Claro, no dice a todo si, siempre se tomas sus pausas, lo mira a uno como preguntando si ella puede hacer el doble de lo que se le propone (eso lo he sabido mucho después de conocerla) pero su capacidad de colaboración es inmensa. Y, claro, gana exactamente el mismo salario si apoya un proyecto o no. Su perfil contrasta mucho con otros profesores ajustados exactamente a lo que corresponde hacer y que incluso lo afirman como su modo de vida laboral.
El retrato más fiel de esto son algunos profesores que conocí el año pasado de los talleres. Fue toda una sorpresa, cuando pensé que era el sitio más dinámico de ese monstruo de colegio de 4000 estudiantes, por su modalidad técnica. Y oh sorpresa, me encontré con algunos de los profesores más conservadores de la institución. De entrada vi complicado invitarlos al proceso de formación que íbamos a iniciar en esa época. Pero Marly es justo lo contrario, está llena de orgullo y motivación por lo que hace. Tiene una capacidad enorme para motivar a sus compañeros. Ahora que la describo así no dejo de tener la sensación de que le hago un halago merecido por ser mi puente sólido con ese espacio del colegio, Parece una hormiguita, esa es la imagen perfecta que me hago de ella. Para mi las hormigas tienen una excelente reputación de trabajo y colaboración…
Un olor asfixiante entró por mi nariz. Bareta, basuco, alcohol, pollo, papas, arepas y basura, todo en un sólo lugar; sudor, pus, sangre, mugre, orina, mierda, todo ahí. Pasé la frontera entre una ciudad que se mueve a un ritmo rápido, fugaz, de trabajo, estudio, de ir a casa, comer, dormir, a una pequeña parte de esta misma ciudad que más que mostrar otra realidad, parece otra dimensión. Llegué ahí sin saber porque, era domingo después de almuerzo y sin miedo entré al Bronx. Aunque el día estaba en su plena luz, allí todo era oscuro, había mucha gente, casi no podía transitar y me movía con dificultad entre cuerpos casi fundidos con el asfalto, bicicletas, mantas estratégicamente puestas en el piso con celulares, joyas, ropa, juguetes, entre carritos con frutas y botellas de alcohol. El olor cortaba mi respiración, aún no descubro cuántos olores se mezclaban en el aire denso, sin embargo después de unos minutos el olfato se acostumbra y respirar aquel aire se hace normal. Caminé precavida y en la mitad de una cuadra encontré algo que no había visto, era una tienda como la de cualquier barrio, bueno no, esta no tenía tanto surtido pero vendían lo que me parece normal: gaseosa, paqueticos, leche, galletas; se me hizo extraño porque nunca creí encontrar algo así allí adentro. Por un momento mientras tomaba una gaseosa mi olfato dejó de ser el centro de mis sentidos y mis oídos comenzaron a retumbar…reggaetón, norteña, otra vez reggaetón, miré por la ventana y comencé a reconocer rockolas por todo lado…vallenato. A lo lejos Missi me reconoció, le entregó a una señora que estaba a su lado el platón y la piedra con que trituraba marihuana, y corrió transitando también con dificultad hacia mí; me saludó, me pidió la bendición y me invitó a que saliéramos a respirar aire puro. Mientras nos dirigíamos a salir de la olla, ella me pidió que la esperara 1 minuto para hacer chichi, se dirigió a una gran montaña de basura, se bajó los pantalones y orinó; luego sacó algo de su bolsillo, eran 100 pesos y con estos decidió comprar una chaqueta que le ofrecían, esta valía 200 pero ella convenció a su parcero para sólo darle 100, se puso la chaqueta rosada, se le dibujó una sonrisa en el rostro y salimos de allí. Caminando hacia la avenida por algunas calles desoladas le pregunté por aquella mujer a la que le entregó el platón, era muy anciana y se me hacía un poco extraño, me dijo que era su segunda mamá, que había trabajado desde que llegó al Cartucho triturando marihuana, que era la que la ayudaba cuando necesitaba, que era amiga de su madre “la pana”, quien había muerto 2 años atrás y quien según ella era una de las duras del Cartucho. No pudimos seguir hablando por la llegada de unos policías que seguramente nunca me habían visto por ahí, y quienes comenzaron a interrogarme y a decirme que me fuera, creo que les dio desconfianza que fuera estudiante de la Nacional.
Pueden publicar aquí su primera entrega de Notas de campo, para que sean leidas por sus compañeros. Gracias
ResponderEliminarPor Diana Liset Granados Soler
ResponderEliminarParte Uno
18 de Febrero de 2010. Hora de recorrido: 5pm a 5:45. Registro 6:45pm
Camine hasta la calle 19 con 7ma y como es costumbre en los últimos días no se escapaban los emberas de mi vista, en este caso LAS embera. Había dos mujeres sentadas sobre el andén, cerca a la esquina de la calle 18. Una de ellas con su vestido tradicional, la otra con un suéter gris, tenía cubiertas sus piernas con una manta. La del vestido lloraba… mientras entraba en el centro comercial de la 19 con 7ma, tuve tal vez 5 minutos para pensar si me quería acercar o no.. Salí del centro comercial y caminaba diez veces más lento de lo que suelo caminar, la calle atiborrada de gente, era viernes, el septimazo, gente que va riendo, hablando, a la carrera...ya estaba en la esquina de la calle 18 otra vez y venia preparando cómo parar, cómo acercarme, simplemente paré. Ya no eran las dos mujeres que había visto, ahora había tres y todas lloraban, me acerque y le pregunte a la mujer que parecía ser la mayor qué pasaba, por qué lloraba. Antes de su respuesta, se me ocurrían mil posibilidades, entre maltrato, enfermedad, la situación económica… por fin la mujer dijo con un español recortado, qué habían -matado familiares-, -cuatro- de un golpe en parque Berrio Medellin- yo apenas poder digerir, tramitar lo que decía., me impactaban las palabras, el llanto, la calle y la gente tan apresuraba, pero que de reojo se detenía a mirar. Ella me miraba fijamente a los ojos, yo creo que buscando respuestas que yo no tenía… la del vestido tradicional miraba hacia la calle, la otra, la menor de las tres, también lloraba, ese llanto era seco, era con susurros imperceptibles, era asustadizo.. pregunte nuevamente a la mujer que me hablo, de dónde venían, ella dijo que era del Chocó- no me podía ubicar si eran Katio o Chami, tenia en mi cabeza el mapa del libro el oro y la sangre, pero no podía aclararme ese dato. Por eso hice la pregunta en voz alta, agregándole si ahora vivían en San Bernardo o en la Favorita, creo que esto ultimo no lo escucho, porque ella respondió en san Bernardo Chami- nosotros Katío. Yo no podía perder sus ojos de vista, los sollozos de las otras dos mujeres seguían, se me ocurrió ofrecer algo de tomar, ella dijo gaseosa, yo dije ¿mejor agua aromática? Ella asintió con la cabeza, mientras una mujer mayor paró y saco de su bolso una Big Cola, que termino pasándola a la embera.
Proyecto "Construcción de identidad el jóvenes indígenas migrantes".
Por Diana Liset Granados Soler
ResponderEliminarParte Dos
18 de Febrero de 2010. Hora de recorrido: 5pm a 5:45. Registro 6:45pm
Me dio angustia. Yo la mire, y ella no dijo ni si ni no, solo dijo –aromática- y le hablo en lengua a la menor de las tres. Ahora me percate que esta tercera mujer era una niña, tenia también el traje tradicional. Yo me levante, la pequeña se fue con migo, cruce la 18 y entre a la primera cafetería que vi, no sabía que decirle a la niña: ¿español? Ella no dijo nada. Su pelo estaba suelto, enredado a pesar de lo liso y sus ojos llorosos, mientras la mujer detrás del mostrador servía las aromáticas, además naturales, yo volvía insistir en un hilo de comunicación oral, me toque y le Dije Diana, la señale a ella y ella dijo: Lucia. Le pase dos aromáticas a Lucia, pague y tomé las otras dos. Salimos otra vez al ruido de la calle… no había más palabras. Volvimos a reencontrar las otras dos embera. Seguían sentadas, el llanto era menos. Pase una aromática y me quede con la otra. Lucía hizo lo mismo. Pregunte si había noticias. Ella dijo que a cuatro hermanas ya había pasado- en parque Berrio- que llamo el esposo del terminal. Mientras ella hablaba de manera entrecortada, la gente que pasaba se acercaba, la chica del almacén del lado, no podía dejar de mirar-escuchar-. Pregunte su nombre -Erminia-, intente saber si eran familiares entre sí, ella dijo, señalándome a la del lado izquierdo que era su hija y a la menor, a Lucia, que era su hermana. Me di cuenta que tenia las piernas cubiertas por una manta, para cubrir un bebe, que empezó a moverse por debajo de la manta. Se me vino a la cabeza la idea de tranquilizarla, al lado de la idea de no poder hacer nada. Así que le toque el hombro, diciéndole que estuviera tranquila, que tuviera cuidado con el Bebe porque Bienestar se lleva los niños. Ella me miraba. Le explique que habían ya casos dónde les habían quitado los niños. Ella dijo dónde- por la calle, por dónde los vean. Nos seguíamos mirando y la gente, también lo seguía haciendo. Ella bajo su cara, me volvió a mirar y dijo: pañales.
Proyecto "Construcción de identidad el jóvenes indígenas migrantes".
Por: Liz Katherine Castro
ResponderEliminarEran aproximadamente las 11:00 a.m. del 4 de marzo. Ella, una mujer embera de aproximadamente 35-40 años, estaba sentada en la parte plana del primer tramo de la escalera de entrada al sistema transmilenio de la calle 45 con 30, hacia el costado izquierdo de la baranda. El clima estaba frio y al parecer había lloviznado. Lo primero que noté era que ella llevaba una cachucha negra y una chaqueta amarilla debajo de lo que parecía ser su vestido embera tradicional, además de estar sentada debajo de unos plásticos transparentes. A su lado izquierdo tenía su tela con collares, manillas y aretes, los cuales llamaban la atención por sus diseños embera típicos. Las personas que pasaban por su lado llegando a y yendo desde la universidad no reparaban en ella, sino que pasaban de largo. Me acerqué de manera desprevenida y después de saludar le pregunté si era ella quién fabricaba estos accesorios a lo que ella respondió afirmativamente. En ese momento, su hija, una pequeña de aproximadamente 4 años me agarró por la pierna derecha mientras yo seguía mirando hacia la tela señalando lo bonitos que me parecían. Le comenté mi interés por llevarle una manilla y la niña dijo: “la del cacique” refiriéndose tal vez a que el diseño de la manilla representa rostros humanos; luego madre e hija al unísono me dijeron que costaba $5.000.
En ese momento noté algo que me pareció sumamente interesante y fue el hecho de que durante la interacción Rosalba (la mujer) hablara a su hija en lengua embera, lo noté cuando inicialmente la reprendió por haberme tomado por la pierna en una señal que yo interpreté de juego si bien no puedo asegurarlo, mientras que la pequeña respondía algunas veces en español y otras veces en embera. Luego, la niña pasó por detrás de mí y se dirigió hacia donde estaba su hermano mayor, un niño de aproximadamente 9 años, a quien no había notado antes puesto que estaba casi escondido al lado derecho de su madre concentrado en tejer en un telar muy pequeño de madera. Los niños, igual que Rosalba, vestían ropas “occidentales”, las cuales por lo que ella me comentó posteriormente eran regaladas y su acción era algo reservada pero no obstante tranquila.
A medida que todo esto ocurría, mi primer acercamiento verbal fue preguntarle a Rosalba que si ella embera, a lo cual me respondió sin problema alguno que sí, por lo que, de forma muy relajada, le pregunté su nombre y cuánto tiempo llevaba en Bogotá, a lo que me respondió que 3 años. Luego, le dije a manera de comentario suelto que hasta hace poco la había visto ubicarse en este sitio, frente a lo cual ella me dijo que llevaba un mes trabajando allí, así que le pregunté si los niños venían siempre con ella, a lo que me respondió que no, que ambos estaban estudiando pero que debido al paro de transporte no habían tenido clase. Posteriormente, ella se integró más a la conversación y continuando con el tema me preguntó sobre dónde vivía y luego me comentó que ella vivía en el centro cerca al barrio Egipto; a su vez yo le pregunté si vivía con más emberas a lo que ella respondió: “eso po’ allá vive harta gente”. Posteriormente, le comenté que me gustaría conocerla más y hablar un poco con ella y ella asintió con la cabeza preguntándome si por casualidad tenía algo de ropa para ella y los niños y mostrándome la chaqueta que llevaba puesta la niña (una chaqueta rosada) me comentó que unos señores se la había regalado. A su petición le dije que iba a mirar en mi casa y que se la traería el día siguiente cuando pasara “a visitarla”. Ella simplemente asintió y procedí entonces a hacer la compra de la manilla, excusa con la cual inicialmente me había acercado, para luego irme puesto que ella ya se notaba algo inquieta con mi presencia.
Pasé efectivamente con ropa para la niña al día siguiente a la misma hora del día anterior y no la encontré, así que pasé el lunes siguiente en horas de la tarde a buscarla y nuevamente no se encontraba en el lugar.
DIARIO DE CAMPO ITI
ResponderEliminar27 de febrero
Colegio Técnico TTI
Reunión con profesores.
J. Cabrera
(Nombres de personas e Institución han sido cambiados)
La reunión de hoy se intentó realizar toda la semana. Ya tenia tenía estrés, necesitábamos empezar el proyecto y todo se había atravesado. Inicialmente hubo problemas para concertar los horarios de los profesores que asistirían a la reunión. La profesora Marly (nombre cambiado) quien convocó la reunión estaba empecinada en que fuera la rectora y los profesores claves. Al final solo logro los profesores, pero como siembre fue mi mano derecha y estuvo presta para conseguir el salón, convocar a los profesores y llamarlos cuando decidimos iniciar. Siempre los inicios toca confirmarlos y reconfirmarlos: “que si, que hay reunión, que está confirmada”. Pareciera que hay cierta noción de incredulidad con los agentes externos siempre. Lo bueno es que aquí ya tenemos un capital de confianza creado por todo el trabajo de casi dos años que se ha realizado con varias instituciones, incluida esta. Asi que Marly me ayudó sin pensarlo, aún pagando con su cuenta las muchas llamadas que me hizo desde su celular para darme de talles de la reunión. Fue increíblemente metódica, me ofreció de todo, videobeam, computador, salón, todo listo. Incluso, al final, de esa reunión medio informal, saco un Acta de Reunión!!!. Recuerdo que tuvimos tres intentos de reunirnos hasta que por fin.
Marly dice que el proyecto de tecnologías debe ser para todo el colegio. Que ya hay muchos profesores trabajando, pero que faltan más. Dice que este año le ha ido bien, que el trabajo que se hicimos el año pasado fue muy bueno para ellos, porque les dieron una platica para comprar algunos equipos. Me dice que si le ayudo a cotizar, que donde podemos comprar. Tengo la impresión que es como si hubieran recibido un regalo en dinero y quisieran gastárselo ya. Aunque es poco dinero sienten que es un logro que para su proyecto de informática les hayan dado recursos por primera vez desde hace mucho tiempo.
Creo que la amistad de la profesora Marly tiene un tono muy calido de maternidad, es protectora y extremadamente amable. Tiene unos 55 años y me sorprende siempre, siempre, siempre la vitalidad que tiene. A primera vista, si uno solo la mirara de pasada, inadvertidamente, pensaría que tiene un aspecto de profesora tradicional, de esas que pueden regañar por todo y que puede ser de matemáticas o química, y por supuesto de bachillero. Pero no, todo lo contrario (salvo que es Química) y pertenece a primaria y tan pronto se le propone algo, uno se demora más en pensarlo que ella en aceptarlo. Claro, no dice a todo si, siempre se tomas sus pausas, lo mira a uno como preguntando si ella puede hacer el doble de lo que se le propone (eso lo he sabido mucho después de conocerla) pero su capacidad de colaboración es inmensa. Y, claro, gana exactamente el mismo salario si apoya un proyecto o no. Su perfil contrasta mucho con otros profesores ajustados exactamente a lo que corresponde hacer y que incluso lo afirman como su modo de vida laboral.
El retrato más fiel de esto son algunos profesores que conocí el año pasado de los talleres. Fue toda una sorpresa, cuando pensé que era el sitio más dinámico de ese monstruo de colegio de 4000 estudiantes, por su modalidad técnica. Y oh sorpresa, me encontré con algunos de los profesores más conservadores de la institución. De entrada vi complicado invitarlos al proceso de formación que íbamos a iniciar en esa época. Pero Marly es justo lo contrario, está llena de orgullo y motivación por lo que hace. Tiene una capacidad enorme para motivar a sus compañeros. Ahora que la describo así no dejo de tener la sensación de que le hago un halago merecido por ser mi puente sólido con ese espacio del colegio, Parece una hormiguita, esa es la imagen perfecta que me hago de ella. Para mi las hormigas tienen una excelente reputación de trabajo y colaboración…
Nathalie Camacho Mariño
ResponderEliminarSeminario I de maestría.
Un olor asfixiante entró por mi nariz. Bareta, basuco, alcohol, pollo, papas, arepas y basura, todo en un sólo lugar; sudor, pus, sangre, mugre, orina, mierda, todo ahí. Pasé la frontera entre una ciudad que se mueve a un ritmo rápido, fugaz, de trabajo, estudio, de ir a casa, comer, dormir, a una pequeña parte de esta misma ciudad que más que mostrar otra realidad, parece otra dimensión.
Llegué ahí sin saber porque, era domingo después de almuerzo y sin miedo entré al Bronx. Aunque el día estaba en su plena luz, allí todo era oscuro, había mucha gente, casi no podía transitar y me movía con dificultad entre cuerpos casi fundidos con el asfalto, bicicletas, mantas estratégicamente puestas en el piso con celulares, joyas, ropa, juguetes, entre carritos con frutas y botellas de alcohol. El olor cortaba mi respiración, aún no descubro cuántos olores se mezclaban en el aire denso, sin embargo después de unos minutos el olfato se acostumbra y respirar aquel aire se hace normal. Caminé precavida y en la mitad de una cuadra encontré algo que no había visto, era una tienda como la de cualquier barrio, bueno no, esta no tenía tanto surtido pero vendían lo que me parece normal: gaseosa, paqueticos, leche, galletas; se me hizo extraño porque nunca creí encontrar algo así allí adentro. Por un momento mientras tomaba una gaseosa mi olfato dejó de ser el centro de mis sentidos y mis oídos comenzaron a retumbar…reggaetón, norteña, otra vez reggaetón, miré por la ventana y comencé a reconocer rockolas por todo lado…vallenato. A lo lejos Missi me reconoció, le entregó a una señora que estaba a su lado el platón y la piedra con que trituraba marihuana, y corrió transitando también con dificultad hacia mí; me saludó, me pidió la bendición y me invitó a que saliéramos a respirar aire puro. Mientras nos dirigíamos a salir de la olla, ella me pidió que la esperara 1 minuto para hacer chichi, se dirigió a una gran montaña de basura, se bajó los pantalones y orinó; luego sacó algo de su bolsillo, eran 100 pesos y con estos decidió comprar una chaqueta que le ofrecían, esta valía 200 pero ella convenció a su parcero para sólo darle 100, se puso la chaqueta rosada, se le dibujó una sonrisa en el rostro y salimos de allí.
Caminando hacia la avenida por algunas calles desoladas le pregunté por aquella mujer a la que le entregó el platón, era muy anciana y se me hacía un poco extraño, me dijo que era su segunda mamá, que había trabajado desde que llegó al Cartucho triturando marihuana, que era la que la ayudaba cuando necesitaba, que era amiga de su madre “la pana”, quien había muerto 2 años atrás y quien según ella era una de las duras del Cartucho. No pudimos seguir hablando por la llegada de unos policías que seguramente nunca me habían visto por ahí, y quienes comenzaron a interrogarme y a decirme que me fuera, creo que les dio desconfianza que fuera estudiante de la Nacional.
Mayo 18 de 2008